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Los historiadores nunca se han puesto de acuerdo a
la hora de situar los orígenes del fútbol. Tal y como
se concibe en la actualidad, comenzó a practicarse
a mediados del siglo XIX en Gran Bretaña, aunque se
sabe que algunos juegos similares ya existían en China
300 años antes de Cristo. En aquel país, los jugadores
trataban de colar, golpeando con el pie, una bola
a través de dos postes de bambú.
Es deporte olímpico
desde los Juegos de San Luis de 1904. En Atlanta debutó
por primera vez el fútbol femenino. Más adelante,
en Florencia, el juego implicaba a 27 personas que
intentaban pasar, golpear o llevar la bola con el
pie a través de la meta. Los aldeanos ingleses eligieron
una vejiga inflada como bola.
Entre las decenas de
versiones que circulan sobre los orígenes del fútbol,
la danesa es quizás la más truculenta, situando el
inicio del deporte en un campo de batalla en el que,
alrededor del 1050, unos trabajadores interrumpían
sus excavaciones para regatearse unos a otros un cráneo
con el pie.
La literatura inglesa
menciona por primera vez el fútbol en una historia
de Londres escrita en 1174. Se trata de un juego que
se asemeja libremente al deporte moderno, pero más
violento. La idea era avanzar la bola a la meta del
opositor. Pronto el centro de la ciudad se llenó de
improvisados partidos, hasta el punto de que los reyes
decidieron, sin éxito, prohibirlo. Antes del siglo
XV, regían ya las reglas estándares.
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