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La la hija del malogrado presidente del COE se lleva
dos medallas de Atenas
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Las dos medallas olímpicas
logradas en doma por Beatriz Ferrer-Salat en los Juegos
de Atenas, plata por equipos y bronce individual,
consagran a una "purasangre" olímpica
que ha logrado sacar del anonimato a un deporte de
escasa tradición en España.
A lomos de "Beauvalais", la hija del malogrado
presidente del COE, Carlos Ferrer-Salat fue determinante
en la consecución de la plata por equipos,
a la que también contribuyeron Juan Antonio
Jiménez y Rafael Soto, y puso el broche de
oro a una actuación brillante con la consecución
del bronce individual.
Subir dos veces al podium es el final de un sueño
que Ferrer-Salat inició hace 23 años,
cuando sólo tenía 15, y comenzó
a tomar contacto con la equitación en un país
en el que el mundo del caballo está más
ligado al folclore que al deporte. Ferrer-Salat es
una pionera de esta modalidad que consiste en demostrar
a un jurado que el caballo obedece las órdenes
del jinete y que tiene mucho más que ver con
la perfección técnica y plástica
que con el rendimiento físico.
Nacida en Barcelona en 1966, Ferrer-Salat mamó
el deporte en su casa. Su padre, un adinerado empresario
catalán, presidió el Comité Olímpico
Español (COE) entre 1987 y 1998 e inculcó
a Beatriz su amor por el deporte, que la heredera
del imperio ha mantenido desde entonces. Tras haber
hecho sus pinitos en el tenis, Beatriz decidió
combinar su pasión por el deporte con su amor
a los animales. Tuvo que insistir mucho para que su
padre accediera a comprarle un caballo, "Vendabal",
con el que dio sus primeros pasos en el mundo de la
doma.
Mientras completaba sus estudios de traducción,
un profesor de polo le sugirió que diera unas
clases de doma y ahí se fraguó la pasión
de Beatriz por esta disciplina.
Ferrer-Salat supo desde el primer momento que quería
competir en doma y hacerlo entre los mejores. En 1991
empezó a competir fuera de España y
tres años más tarde participó
en los Juegos Ecuestres Mundiales de La Haya, su primera
gran competición internacional.
Con el paso de los años sus resultados fueron
mejorando y pronto comenzó a destacar a nivel
europeo. En los Juegos de Atlanta de 1996 contribuyó
al diploma olímpico del prometedor equipo español
y cuatro años más tarde en Sydney fue
quinta por equipos y décima individual.
Pero fue el año 2002 el de su explosión
como deportista y, en particular, los Juegos Ecuestres
Mundiales de Jerez de la Frontera, donde la amazona
barcelonesa se colgó del cuello el bronce por
equipos y la plata individual. Su nombre empezó
a sonar entre los mejores de un deporte que casi siempre
procedían del norte y del centro de Europa
y, en particular, de Alemania, país habituado
a dominar esta disciplina.
En su éxito de Atenas ha tenido mucho que ver
el alto grado de complicidad que ha logrado con "Beauvalais",
un caballo de raza alemana, hijo de "Bolero",
por el que Beatriz siempre tuvo una gran pasión,
pese a los consejos que le advertían de que
no lo comprara.
Nervioso pero dócil, "Beauvalais"
atraviesa a sus 17 años su madurez deportiva
y logra un elevado nivel técnico, que acompaña
de una extremada plasticidad. Antes montó otros
caballos, entre los que destacan "Worislav",
con el que dio sus primeros pasos en las competiciones
internacionales, y "Brillant", que le ayudó
a adquirir experiencia.
Ferrer-Salat está soltera y no duda en definir
a su hombre perfecto: "Debe ser atractivo, inteligente,
con sentido del humor, sincero y con 'huevos'".
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